¿La idolatría es una fijación obsesiva?.

 Para que entendamos algo más de lo que significa idolatría, les dejo este post con un escrito muy profundo quizás los reggaetoneros, no lo entiendan, es lo más seguro y se nieguen a leerlo, les digo que lo lean frikis reggaetoneros espero que no escriban cosas que  no van al lugar, nada de mensajes ordinarios y chabacanos sin haber leído nada.

LA IDOLATRÍA DE LO NUEVO Y LO JOVEN

Alfonso López Quintas,

Una idea, una actitud, un criterio, una actividad que no es­tén ajustados al instante actual suelen ser descalificados con el simple recurso de motejarlos de «desfasados», «anticuados», «pasados de moda», como si se tratara de los colores de los ves­tidos. Como «actual» se considera lo «cambiante», «lo que se lleva en cada momento», «lo que se impone sin más en virtud del cambio». No se repara en que la moda somete los modos de vestir al transcurrir del tiempo, pero esta vertiente del hom­bre se halla en un plano de realidad evidentemente inferior al de las ideas, actitudes, criterios y acciones que deciden el sen­tido de la existencia. Someter esta vertiente creativa del hom­bre al imperio del tiempo del calendario supone una reducción ilegítima de nivel.

La atenencia a lo «actual», lo «último», lleva a idolatrar lo joven, entendido como «lo nuevo», «lo reciente», «lo origi­nario». Pero en el plano del tiempo decurrente nada perdura, y lo nuevo se desliza inexorablemente hacia el pasado y pierde todo su encanto. Resulta desplazado, a no tardar, por «lo noví­simo», denominación que deja muy pronto de tener un sen­tido y necesita ser remitida otra vez a la actualidad más rabiosa, con lo cual se habla de «los nuevos novísimos». Y ya estamos en el campo de lo ridículo. Resulta, en verdad, cómico ver a lo largo de la historia los intentos incesantes de hacerse valer me­diante la adscripción a «lo nuevo». (Esta parte quisiera que los reggaetoneros la lean, analícenla y después ataquen).

Esta fijación obsesiva en el cambio y en lo nuevo lleva al hombre a no reposar en el presente —que es el tiempo de la creatividad— y vivir preso del futuro. Se habla profusamente del «reto del futuro», la «tensión hacia la utopía», y se afirma que «el tema fundamental de la filosofía no es el estudio del ser presente’, ni tampoco del ‘ser en progreso’ sino el del ‘no ser aún’», y se proclama el «éxodo del hombre hacia el reino utópico de lo Nuevo» (E. Bloch). En una sociedad vertida de este modo al futuro, ser calificado de «avanzado» constituye el supremo elogio; ser tachado de «reaccionario» y «anticuado» significa la mayor descalificación.

Al vivir sólo preocupados por el cambio y no consagrarse a crear en el presente algo perdurable que supere el decurso tem­poral, los hombres no conciben otro ideal posible en la vida que someterse dócilmente a las situaciones cambiantes y sus exi­gencias. Como el cambio se da imparablemente, porque la vida humana es temporal, resulta fácil difundir la idea de que la vida es un río impetuoso que sólo puede ser navegado por quien se adapte a su ritmo y sus corrientes. Esta forma de «en­treguismo infracreador» es interpretada como sabiduría vital celebrada como una actitud conciliadora y dialogante.