Don Omar, la educación y nosotros

   ¿Qué hace Aníbal Acevedo Vilá? Sólo sigue la corriente histórica. Se trata de la inundación postpopulista. Sugiere a Don Omar para una campaña contra la deserción escolar. Entonces se forma el conocido sal pa’fuera. Rafael Aragunde alegó que el cantante había sido un desertor escolar y que había completado el cuarto año por exámenes libres. Su imagen resultaría confusa. ¡Cómo es posible en este mundo hijo de la ilustración que un chico que no va a la escuela sea exitoso! Se dijo que las letras de sus canciones tenían sugerencias sexuales.

   Este debate huele mal. Ya se ha visto como el estado se ha opuesto a obras de teatro que manifiestan la desnudez, o se abrogan el derecho de investigar a las empresas que impulsan el perreo. Antes hicieron lo mismo con las ideas políticas radicales. Esa imagen de pulcritud y moral no da el talante de la situación del estado en Puerto Rico.

   Parece que cierta gente piensa que los escolares son demasiado inocentes para escuchar ese tipo de referencias sexuales. O tal vez piensan paternalmente que no se les debe preguntar lo que prefieren por que piensan que lo que ellos prefieren no es totalmente confiable. Quizá no han pensado que si Don Omar hubiese ido a la escuela como el sistema manda, a lo mejor hubiese terminado como político corrupto y lo estarían aplaudiendo y encubriendo. O como maestro o burócrata mal pagado al cual se le pide el sacrificio de su salario por el país. Don Omar seguirá vendiendo discos y las escuelas continuarán en agonía a pesar de la campaña o de la ausencia de ella.

   La discusión pública no es nada seria en Puerto Rico. Está muy bien para un stand up comedy de Woody Allen o para una parodia de los Gamma. Se entretiene al país con un vídeo voyeurista o con la vida privada de Don Omar, mientras le sacan del bolsillo el dinero que malgastarán por los próximos años. No se ha dado ni un cacerolazo ni ha habido una manifestación callejera contra la globalización.

El autor es catedrático asociado de historia en el
recinto universitario de Mayagüez.
REVISTA UNIVERSIA FEBRERO 2006